Los horizontes no se comparten, no se reparten así, al azar, no se mueven, de un lado a otro, se quedan en un solo lugar, los horizontes atraen miradas, los horizontes son bellos, los horizontes son infinitos. Los horizontes no se comparten, no se venden en tiendas de segunda mano a 10 centavos la unidad. Los horizontes pertenecen a una sola mirada, no a dos; los horizontes tienen un solo espectador, no dos.
Que bonito día que luego se transformó en un trago de sal, azufre y arena. Que día bonito que luego se derritió por el sol del horizonte que se aleja, se aleja y se aleja. La luna aparece, la luna es buena porque no tiene horizonte, la luna me dice: "Tranquilo, ya pasará. Pronto todo terminará. Sonríe" Yo no sonrío. La luna es buena, no tiene horizonte, la luna es hermosa... el perfecto pendiente para la oscuridad andante que aparece donde antes estaba el horizonte (el más bello de todos) y ahora ya no está. Y saco una botella, y brindo con la luna... brindo con sal azufre y arena ¡salud pequeña luna llena! ¡brindo por tu alegría! ¡por tu perfecta armonía! ¡por tu luz, que ilumina el negro vacio que ahora domina donde antes estaba lo que no se movía!
Es de noche y, como siempre, no llueve. Los cocodrilos lloran. Los horizontes no se comparten, no se reparten.