viernes, 28 de octubre de 2011

Horizonte II

Los horizontes no se comparten, no se reparten así, al azar, no se mueven, de un lado a otro, se quedan en un solo lugar, los horizontes atraen miradas, los horizontes son bellos, los horizontes son infinitos. Los horizontes no se comparten, no se venden en tiendas de segunda mano a 10 centavos la unidad. Los horizontes pertenecen a una sola mirada, no a dos; los horizontes tienen un solo espectador, no dos.

Que bonito día que luego se transformó en un trago de sal, azufre y arena. Que día bonito que luego se derritió por el sol del horizonte que se aleja, se aleja y se aleja. La luna aparece, la luna es buena porque no tiene horizonte, la luna me dice: "Tranquilo, ya pasará. Pronto todo terminará. Sonríe" Yo no sonrío. La luna es buena, no tiene horizonte, la luna es hermosa... el perfecto pendiente para la oscuridad andante que aparece donde antes estaba el horizonte (el más bello de todos) y ahora ya no está. Y saco una botella, y brindo con la luna... brindo con sal azufre y arena ¡salud pequeña luna llena! ¡brindo por tu alegría! ¡por tu perfecta armonía! ¡por tu luz, que ilumina el negro vacio que ahora domina donde antes estaba lo que no se movía!

Es de noche y, como siempre, no llueve. Los cocodrilos lloran. Los horizontes no se comparten, no se reparten.




martes, 18 de octubre de 2011

Del verbo que no sale...

y de las cosas que no aparecen solas de la nada, la nada bailarina que danza su azar con el ritmo tatuado en el cuerpo.

Y el faro, el faro, los barcos y su mar, los marineros en busca de mar.

El faro aéreo y sus razones, el viento voluble mantiene a raya su fauna y la fauna responde volando (unos) aterrizando (otros).

La elegancia con la que se mueve la creadora de la única oportunidad, del sin un intento más, azar. La flor que florece una vez puede quedar florecida por siempre. Acertar a la primera. Diana. Tiro al blanco. Par rojo, el señor fugaz gana.

La paz interior sea en los marineros vitales, los aéreos, las canciones hechas, la reina del baile.

martes, 30 de agosto de 2011

Palomas I

Cuenta la leyenda que unas palomas jugaban en el cielo y al anochecer seguían jugando, porque su estrella iluminaba sus noches.

Las palomas jugaban y palomeaban y hacían cosas de palomas con otras palomas, picotear y eso. Y las palomas solían ser felices, había luz y eran felices, el mundo palomil era perfecto. Las palomas le daban las gracias a la estrella por brillar para ellas.

Hasta que de repente un día la estrella de las palomas dejó de brillar. Las palomas le dijeron 'Estrella estrella que te pasa', pero la estrella las veía y no podía verlas, no había luz en la noche entera.

Así que las palomas decidieron devolverle el brillo a la estrella, cogieron antorchas con sus patitas y volaron y volaron, tardaron años, algunas murieron en el camino, otras nacieron. Hasta que llegaron a la estrella, poco a poco iban usando las antorchas, pero al hacer eso las llamas quemaban a algunas palomas. Y la estrella les dijo '¡Palomas! ¿por qué haceis esto? si me encendeis no os dará tiempo a escapar de mi fuego y morireis' Las palomas siguieron y una de ellas respondió 'No nos importa estrellita, tú eras la luz que iluminaba nuestras noches, y cada noche moríamos en vida sin poder ser felices al verte apagada. No nos importa si morimos, si con eso conseguimos que vuelvas a brillar, harás felices a otras palomas y serás feliz tú también. Y con eso nos basta para dar la vida por ti'

Un día de repente, se hizo de noche como normalmente se hacían, pero de repente apareció luz de la nada. Volvía a brillar.